
Podría verte desnuda, solo tengo que cerrar los ojos; pero a vos no te gusta cuando lo pienso y preferís las palabras. Podría pedirte que me muestres un pecho, una teta como como vos decís, y te reís porque solo me interesa tu rodilla al descubierto.
Aún no sabes que me queda mejor, idiota o tonto. Que se yo, quizás un poco de los dos.
Sonrío, solo entre las sombras. Vos te reís a carcajadas bajo la tenue luz. A qué jugamos no tengo idea. Tus reglas son diferentes a las mías. Aunque algunas veces me parce que son las mismas, pero tenemos diferentes objetivos. Objetivos… me da gracia que uno tenga que tener objetivos en la vida y tras ellos algunas veces se pierde de vivir.
Hablamos... mucho, poco, lo necesario. Un artículo raro en el diario sobre adicción al trabajo y tu mirada sarcástica mientras decís “algo que a vos no te va a pasar”. Claro que no, ya viví esa etapa, la recuerdo bien. Intento contarte algo aun más tonto y no me sale otra cosa que algún chiste ya gastado. Pero a vos te gustan, de alguna extraña manera a vos te gustan.
Te moves, delicada, suave, efímera… me pregunto si tu siguiente punto de estadía será peligroso para mi seguridad. Pero tu movimiento estratégico solo espera al mío. Al final, espero mi mirada ponga en jaque la tuya… pero no estoy seguro… después de todo; a qué jugamos sigue siendo un misterio mayor a nosotros mismos.
Cuando descubrís que el universo no tiene límites y llamarlo infinito es ponerle el más absurdo de ellos, te das cuenta de dos cosas. El tiempo pierde su razón de ser. Y vos perdiste el tiempo.
Deje tanto de lado que algunas veces me quedo mirando las comas... más de lo que debo, más que un punto y coma, más que un punto... más que tres puntos. Tanto, Que algunas veces parece punto final.
Se que todos son abiertos, sin vencimiento.
Aun así cada tanto vuelvo a comprar un pasaje...
Aun así aun queda algún tren, un avión... un barquito.
Después de todo otro mundo, diferente, se construye.
En cada suspiro, con una cajita llena de colores, se construye.
